{"id":1,"date":"2015-02-17T13:51:46","date_gmt":"2015-02-17T13:51:46","guid":{"rendered":"http:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/?p=1"},"modified":"2015-02-20T13:05:23","modified_gmt":"2015-02-20T13:05:23","slug":"san-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/2015\/02\/17\/san-agustin\/","title":{"rendered":"San Agust\u00edn"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><strong>FILOSOF\u00cdA Y RELIGI\u00d3N \u2013 AGUST\u00cdN DE HIPONA<\/strong><\/p>\n<p><strong>EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO<\/strong><\/p>\n<p>La fe da lugar a la religi\u00f3n y la raz\u00f3n a la filosof\u00eda, y, en tanto que la fe y la raz\u00f3n tienen su origen en Dios, no puede haber oposici\u00f3n entre ambas. La fe es una gracia de Dios y, junto con la Sagrada Escritura, forma la palabra divina, infalible e invariable; la fe no es algo irracional, gu\u00eda la investigaci\u00f3n y protege frente al error. Por su parte, la raz\u00f3n y la filosof\u00eda (la palabra humana), aunque limitadas y fr\u00e1giles, son buenas porque pueden favorecer a la religi\u00f3n: permiten la comprensi\u00f3n intelectual, aunque imperfecta, de verdades religiosas, ayudan a refutar las herej\u00edas y a convencer a los que dudan. Fe y raz\u00f3n se complementan: \u201ccreo para entender y entiendo para creer\u201d, dice San Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Puesto que en el hombre encontramos una sustancia material y otra espiritual, habr\u00e1 tambi\u00e9n dos tipos de conocimiento, el sensitivo y el intelectual. San Agust\u00edn no rechaza completamente el valor de los sentidos (conocimiento sensitivo) pues nos informan de las cosas sensibles, incluido nuestro propio cuerpo, y son necesarios para la vida pr\u00e1ctica. La sensaci\u00f3n es com\u00fan a los animales y al hombre, pero nosotros disponemos adem\u00e1s de la raz\u00f3n, con la que podemos alcanzar un conocimiento m\u00e1s elevado de la realidad (conocimiento inteligible). Mediante la raz\u00f3n inferior conocemos el mundo sensible, temporal y cambiante, y resolvemos las necesidades pr\u00e1cticas de la vida; y gracias a la raz\u00f3n superior podemos alcanzar las esencias, lo inmutable, necesario y eterno como los objetos matem\u00e1ticos (el mundo inteligible), e incluso a Dios, dando lugar a verdades eternas, inmutables y comunes a todos.<\/p>\n<p>San Agust\u00edn combati\u00f3 el escepticismo y crey\u00f3 posible la certeza de verdades como el principio de contradicci\u00f3n, o de la existencia de las propias sensaciones de las cosas; m\u00e1s a\u00fan, de un modo muy parecido a Descartes, mostr\u00f3 tambi\u00e9n la existencia de verdades indubitables a partir de los hechos de conciencia: podemos dudar de lo exterior, de las cosas, pero no de que vivimos y de que nos acordamos, entendemos y queremos, hechos de nuestra alma que encontramos cuando miramos en nuestro interior. En cuanto al conocimiento objetivo, referido al mundo inteligible, sus verdades no dependen del mundo sensible ni tampoco de la mente humana; nuestra mente tiene que aceptarlas y reconocer que poseen una validez absolutas, independiente del sujeto que las considera. La verdad es una y la misma para todas las personas, y es inmutable y eterna; pero dado que nuestra raz\u00f3n es limitada, temporal y finita, pens\u00f3 San Agust\u00edn, es necesario el auxilio de algo que tambi\u00e9n sea eterno e inmutable: Dios. Las ideas ejemplares y las verdades eternas est\u00e1n en Dios. Para captar las verdades eternas, universales y necesarias nuestra inteligencia, nuestra alma, tiene que ser iluminada por Dios (teor\u00eda de la iluminaci\u00f3n).<\/p>\n<p><strong>EL PROBLEMA DE DIOS<\/strong><\/p>\n<p>El argumento principal de San Agust\u00edn para probar la existencia de Dios parte de las \u201cverdades eternas\u201d: en el interior de nuestra alma encontramos verdades universales, inmutables y necesarias, como los primeros principios de la raz\u00f3n, a las que nos tenemos que someter y presentes en todos los hombres. Su fundamento no pueden ser las cosas f\u00edsicas, realidades contingentes, cambiantes y mortales, pero tampoco nuestra alma, que tambi\u00e9n cambia; estas verdades nos trascienden, luego debe existir alg\u00fan ser que posea sus caracter\u00edsticas y sea su fundamento: Dios. Dado que es tan superior y distinto de las cosas finitas, no podemos conocerlo con total fidelidad, pero s\u00ed cabe una cierta comprensi\u00f3n de su ser. Defiende San Agust\u00edn, la Trinidad de Dios: Dios es Padre, Hijo (Verbo) y Esp\u00edritu (Amor), tres personas en una misma y sola naturaleza divina. Dios es el principio y fuente de todos los seres, la realidad plena, inmutable, infinita, \u00fanica, simple, eterna y perfecta; es el Bien, la Verdad, la Belleza y el Ser. Las cosas temporales cambian, no posen completamente el ser, por lo que no se han creado a s\u00ed mismas, y necesitan de un ser radicalmente distinto para existir, Dios; estas entidades forman el mundo finito, en el que encontramos substancias espirituales y substancias materiales, y todas ellas, incluidos los \u00e1ngeles, han sido creadas por Dios libremente y desde la nada. Dios crea el mundo desde la eternidad y en ese acto crea tambi\u00e9n el espacio y el tiempo. Dios cre\u00f3 la materia informe y ca\u00f3tica en la que deposit\u00f3 todos los g\u00e9rmenes de las cosas, o razones seminales, de los que a lo largo del tiempo ir\u00e1n form\u00e1ndose todos los seres. Utiliz\u00f3 unos modelos o arquetipos para crear las substancias finitas (doctrina del ejemplarismo), las ideas, que existen en Su mente o inteligencia, y que son como las esencias de todas las cosas, eternas, inmutables y fundamento de todo conocimiento perfecto. Dios gobierna y administra todas las cosas del mundo, y las dirige a los fines que les convienen para su perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>EL PROBLEMA DEL HOMBRE<\/strong><\/p>\n<p>De todas las sustancias finitas, las m\u00e1s perfectas son los \u00e1ngeles; despu\u00e9s viene el hombre, compuesto de alma y cuerpo. Su concepci\u00f3n del hombre se incluye en la tradici\u00f3n plat\u00f3nica al defender un claro dualismo antropol\u00f3gico: el hombre consta de dos substancias distintas, cada una de ellas completa e independiente, el alma y el cuerpo, siendo la primera superior en dignidad y ser al segundo. Pero, a diferencia de Plat\u00f3n, no entiende San Agust\u00edn que el alma est\u00e9 unida al cuerpo como consecuencia de un castigo ni que el cuerpo sea su prisi\u00f3n. El alma humana, como la de los animales, anima al cuerpo, est\u00e1 unida a \u00e9l por una inclinaci\u00f3n natural y est\u00e1 presente en cada parte del cuerpo. El alma vivifica el cuerpo, y produce la vida vegetativa, la sensitiva y la intelectiva. El alma humana es una substancia espiritual, inmaterial, simple, lo que asegura su inmortalidad, de la que San Agust\u00edn ofrece varios argumentos; por su perfecci\u00f3n, el destino m\u00e1s propio del alma es Dios. El alma humana no es una parte de Dios, pero s\u00ed su imagen, y con sus tres facultades principales, memoria, inteligencia y voluntad, tambi\u00e9n de la Trinidad. Dios se refleja de alguna manera en todos los seres, pero de forma especial su imagen est\u00e1 en nuestra alma, en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser, por lo que el hombre puede elevarse al conocimiento y cercan\u00eda de Dios descubriendo y contemplando dicha huella divina. Para San Agust\u00edn est\u00e1 muy claro que el alma ha sido creada por Dios, pero no el tiempo y modo de dicha creaci\u00f3n. Rechaza la tesis plat\u00f3nica de la preexistencia del alma, pero duda entre el traducianismo (transmisi\u00f3n del alma de padres a hijos a partir de Ad\u00e1n, y que mejor explica el dogma del pecado original) y el creacionismo (el alma creada en cada caso desde la nada).<\/p>\n<p><strong>EL PROBLEMA DE LA MORAL<\/strong><\/p>\n<p>Para San Agust\u00edn el fin \u00faltimo de toda la conducta humana y Bien Supremo es la felicidad, que no se puede alcanzar con los bienes exteriores finitos, ni perfeccionando nuestra mente, y s\u00ed en la vida beat\u00edfica, en la presencia de nuestra alma ante Dios. Para satisfacer esta vocaci\u00f3n sobrenatural se necesita del esfuerzo humano y de la gracia de Dios. La vida buena consistir\u00e1 precisamente en buscar a Dios, y hacerlo con todas las capacidades de nuestro ser, el coraz\u00f3n, el alma y la mente. Naturalmente, dir\u00e1 San Agust\u00edn, este amor a Dios se extender\u00e1 tambi\u00e9n al pr\u00f3jimo. El bien y el ser coinciden, y, dado que Dios es la plenitud del ser, es tambi\u00e9n la plenitud del bien o bien absoluto. En sentido estricto el mal no existe, es una ausencia de un determinado bien, una privaci\u00f3n; incluso la destrucci\u00f3n y muerte de los seres finitos (mal natural) es en cierto modo un bien pues permite la aparici\u00f3n de nuevas cosas. Por su parte, el mal moral corresponde a los actos humanos, actos que dependen de nuestra raz\u00f3n y voluntad, y en esa medida de nuestra libertad. Mediante nuestra voluntad podemos acercarnos a Dios y alcanzar la bienaventuranza, pero tambi\u00e9n podemos elegir el mal. Adem\u00e1s, hay en nosotros una tendencia o facilidad para el mal, consecuencia del pecado original: por este pecado el cuerpo, y los deseos sensibles e ignorancia que provoca en nuestra alma, nos impide atender al aut\u00e9ntico bien (Dios), y nos lleva a elegir bienes inferiores como los materiales o a nosotros mismos.<\/p>\n<p>Dios nos ha dado la facultad de captar las leyes eternas de la moralidad, que est\u00e1n impresas en el coraz\u00f3n de todo hombre. Dichas leyes no son arbitrarias pues son expresi\u00f3n de la eternidad de Dios; esta capacidad es necesaria para acercarnos a Dios, como tambi\u00e9n nuestro esfuerzo y elecci\u00f3n libre del Bien, pero no es suficiente, principalmente por la fuerza del pecado original; necesitamos tambi\u00e9n del perfeccionamiento de nuestras facultades mediante la gracia de Dios, que disfrutamos mediante los sacramentos, y de la orientaci\u00f3n de la Iglesia. La voluntad busca necesariamente la felicidad, pero es libre de elegir los medios para este prop\u00f3sito, pudiendo acercarse a Dios o elegir los bienes imperfectos del mundo sensible. Mediante la gracia, el albedr\u00edo o voluntad puede dirigirse hacia el Bien Supremo y es realmente libre. La posesi\u00f3n plena de Dios en la vida futura constituye, seg\u00fan San Agust\u00edn, la suprema felicidad y el destino final del hombre; en la vida presente, nuestra felicidad consistir\u00e1 en la uni\u00f3n con Dios por medio de su conocimiento, de la virtud y de la pr\u00e1ctica cristiana.<\/p>\n<p>Podemos dividir a los seres humanos, nos dice San Agust\u00edn, en dos grupos: los que aman a Dios, se someten a su Palabra y buscan la paz eterna, y los que quieren los bienes materiales y temporales y se prefieren a s\u00ed mismos antes que a \u00c9l. Aunque estos grupos est\u00e1n mezclados desde el principio de la historia, en cierto modo pertenecen a dos pueblos o ciudades distintas: los primeros al territorio m\u00edstico de la Ciudad de Dios (Jerusal\u00e9n), y los segundos a la Ciudad temporal o terrena (Babilonia). San Agust\u00edn cree que desde el principio del mundo est\u00e1n enfrentadas, pero con el juicio final se separar\u00e1n definitivamente. Esta divisi\u00f3n corresponde a la divisi\u00f3n entre el Estado pagano (\u201cCiudad de Babilonia\u201d) y la Iglesia (\u201cCiudad de Jerusal\u00e9n\u201d), y expresa la primac\u00eda que deber\u00eda tener \u00e9sta sobre el Estado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FILOSOF\u00cdA Y RELIGI\u00d3N \u2013 AGUST\u00cdN DE HIPONA EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO La fe da lugar a la religi\u00f3n y la raz\u00f3n a la filosof\u00eda, y, en tanto que la fe y la raz\u00f3n tienen su origen en Dios, no puede haber oposici\u00f3n entre ambas. La fe es una gracia de Dios y, junto con la &hellip; <a href=\"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/2015\/02\/17\/san-agustin\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">San Agust\u00edn<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":25,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-1","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-epoca-medieval"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/users\/25"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23,"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1\/revisions\/23"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/conaldi.edu.co\/wp_ES\/wordpress\/javier\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}